El control en la pareja tiene raíces emocionales profundas
La psicoterapeuta Alina Popovich lo explica con claridad: el deseo constante de controlar a la pareja no surge de la maldad, sino de la ansiedad interna y el miedo a perder a alguien querido. Así lo manifestó en una conversación con el medio NEWS.ru.
No se trata de un capricho ni de una cuestión de carácter dominante. En el fondo, quien ejerce ese control está intentando gestionar un miedo que no sabe cómo manejar de otra manera.
Por qué este comportamiento daña la relación
El problema es que el efecto es exactamente el contrario al deseado. Este tipo de conducta erosiona la confianza y genera distancia entre las personas que forman la pareja. Lo que buscaba proteger la conexión, termina rompiéndola poco a poco.
La paradoja del control es bien conocida en psicología de pareja: cuanto más se intenta retener al otro, más se aleja emocionalmente.
Cómo empezar a soltar el control
Según la especialista, el camino hacia una relación más sana pasa por trabajar la autonomía personal. Esto implica retomar actividades que generen satisfacción propia, sin depender de la presencia o aprobación de la pareja.
Ampliar el círculo social también juega un papel fundamental. Cuando una persona tiene vínculos afectivos variados, la relación de pareja deja de cargar con todo el peso emocional, lo que reduce la necesidad de control.
Menos control, mayor intimidad real
La terapeuta concluye con una idea que puede resultar sorprendente: cuanto menor es el control dentro de la pareja, más fuerte se vuelve la intimidad y la sensación de seguridad mutua.
La verdadera cercanía no se construye vigilando al otro, sino confiando en él. Soltar el control no significa indiferencia, sino madurez emocional y respeto genuino hacia el vínculo compartido.













