Un médico advierte que la hipertensión puede provocar el desarrollo de glaucoma

Factores de riesgo que aumentan las probabilidades de desarrollar glaucoma

La hipertensión arterial, la diabetes, la miopía, tener más de 40 años y la predisposición hereditaria son factores que elevan significativamente el riesgo de desarrollar glaucoma. Así lo advierte Anna Semenova, oftalmóloga y subdirectora médica de la clínica oftalmológica 3Z.

¿Qué es el glaucoma y por qué resulta tan peligroso?

El glaucoma es una patología ocular crónica que se caracteriza por un aumento sostenido de la presión intraocular. Sin tratamiento, la enfermedad deteriora la visión de forma progresiva hasta llegar a la ceguera total.

Según datos del Ministerio de Salud de la Federación Rusa, en 2022 se registraron más de 1,2 millones de pacientes adultos con glaucoma en Rusia, de los cuales más de 105.000 fueron diagnosticados por primera vez. A nivel mundial, aproximadamente 78 millones de personas conviven con esta enfermedad diagnosticada, y se estima que para 2040 esa cifra alcanzará los 111 millones.

El problema: es casi imposible detectarlo en etapas tempranas

«El principal peligro del glaucoma es que resulta prácticamente imposible detectarlo por uno mismo en una fase inicial», señala Semenova. Por eso, a partir de los 40 años es fundamental someterse a una revisión oftalmológica completa al menos una vez al año, aunque no se experimente ninguna molestia.

La especialista destaca que deben prestar especial atención los siguientes grupos:

  • Personas mayores de 40 años sin síntomas aparentes
  • Quienes tienen antecedentes familiares de glaucoma, ya que el riesgo se multiplica si hay parientes cercanos afectados
  • Pacientes con miopía de alto grado
  • Personas que padecen diabetes o hipertensión

Señales que podrían indicar la presencia de glaucoma

Existen algunos síntomas que pueden orientar hacia esta enfermedad, aunque no son exclusivos de ella y pueden aparecer en otras patologías oculares:

  • Estrechamiento del campo visual
  • Sensación de niebla ante los ojos
  • Empeoramiento de la visión en condiciones de poca luz
  • Halos de colores alrededor de fuentes luminosas

Por ello, no tiene ningún sentido intentar autodiagnosticarse basándose únicamente en sensaciones propias.

La importancia de un seguimiento médico profesional y continuo

La doctora Semenova insiste en la necesidad de realizarse revisiones periódicas completas que incluyan la medición de la presión intraocular, la evaluación del nervio óptico y del campo visual, así como otras pruebas complementarias según indicación médica.

«Incluso los valores de presión intraocular considerados normales —aproximadamente entre 15 y 25 mmHg— requieren una interpretación profesional. El médico no evalúa únicamente el dato en sí, sino también las fluctuaciones de presión a lo largo del día, la simetría entre ambos ojos, el grosor de la córnea y muchos otros parámetros», explica la especialista.

En cuanto al tratamiento farmacológico, se emplean colirios específicos cuya elección es siempre individualizada. La automedicación está totalmente desaconsejada, y abandonar el tratamiento de forma espontánea puede provocar un aumento de la presión intraocular y una progresión de la enfermedad sin que el paciente perciba ningún cambio aparente.

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