Por qué tu amigo adelgaza con el trigo sarraceno y tú no: la verdad sobre la genética y el metabolismo

No es falta de voluntad: es tu ADN

Todos conocemos a alguien que come exactamente lo mismo que nosotros pero luce completamente diferente. La explicación habitual suele ser la fuerza de voluntad, o la falta de ella. Sin embargo, la genética y la ciencia de la nutrición llevan décadas demostrando que lo que funciona para una persona puede ser inútil, o incluso perjudicial, para otra.

No se trata de pereza ni de excusas. Se trata de ADN, de biología individual y de procesos que ocurren en un nivel que no podemos ver a simple vista.

Genes que deciden cómo procesas cada alimento

Las investigaciones han demostrado que la actividad de los genes responsables de la absorción de grasas, carbohidratos y proteínas varía considerablemente entre personas. Algunas personas están genéticamente predispuestas a prosperar con una dieta mediterránea rica en grasas saludables, mientras que otras pierden peso de manera eficaz con una alimentación baja en carbohidratos.

Intentar intercambiar estos enfoques sin tener en cuenta la biología individual no solo no funciona, sino que puede llevar directamente a la frustración y al abandono. Lo que para tu amigo es una solución, para ti puede ser el problema.

No existe una dieta universalmente saludable

Los nutricionistas son contundentes en este punto: no existe una dieta universalmente saludable, sino una dieta adecuada para cada persona en concreto. Lo que ha conseguido que tu amigo esté en forma podría provocarte hinchazón, bajada de energía y aumento de peso.

¿La razón? Genes distintos, microbioma intestinal diferente y una actividad enzimática propia que no se parece a la de nadie más. Tres factores que hacen que tu cuerpo sea, en términos nutricionales, completamente único.

Las hormonas también tienen mucho que decir

Los endocrinólogos señalan que el perfil hormonal es profundamente individual y ejerce una influencia enorme sobre el metabolismo. En el caso de las mujeres, esto es especialmente relevante: el cuerpo asimila los alimentos de forma distinta según la fase del ciclo menstrual.

Lo que resulta beneficioso durante la primera fase puede traducirse en un aumento de peso en la segunda si no se tienen en cuenta estos matices. Ignorar este factor es uno de los errores más frecuentes al diseñar una pauta alimentaria.

El microbioma: tan único como tus huellas dactilares

Los gastroenterólogos nos recuerdan que el estado del intestino y la composición del microbioma son tan particulares como las huellas dactilares. Lo que alimenta a las bacterias beneficiosas de una persona puede convertirse en sustento para los patógenos de otra, desencadenando inflamación e interfiriendo en la absorción de nutrientes.

Este es uno de los motivos por los que dos personas pueden seguir la misma dieta durante meses y obtener resultados radicalmente opuestos. La microbiota intestinal actúa como un filtro personal que modifica cómo responde tu cuerpo a cada alimento.

¿Qué hacer entonces?

En lugar de copiar a ciegas la dieta de un amigo o de un perfil en redes sociales, merece la pena aprender a escuchar las señales del propio cuerpo. Plantearse realizar un test genético nutricional puede ser un punto de partida muy valioso para entender qué tipo de alimentación encaja mejor con tu biología.

Tu régimen alimentario ideal existe. Pero es único, irrepetible y no tiene por qué coincidir con lo que le funciona a otra persona, por muy autorizada o influyente que sea esa persona. La individualidad biológica no es un obstáculo, es simplemente la realidad.

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