Coladores viejos: el truco DIY para convertirlos en preciosas lámparas colgantes de colores

Coladores viejos, nuevas lámparas colgantes: la idea de reciclaje que sorprende

¿Quién lo hubiera imaginado? Ese colador metálico olvidado en el fondo del armario puede convertirse en una pieza decorativa de auténtico carácter, sin necesidad de comprar una lámpara ni una jardinera cara. La tendencia de reutilizar objetos cotidianos no solo alivia el bolsillo, sino que alarga la vida útil de los utensilios del hogar.

Una lámpara colgante o una jardinera suspendida comercial puede costar fácilmente entre 20 y 40 euros. Con este proyecto, aprovechas lo que ya tienes en casa. Además, el resultado tiene ese acabado de revista que tanto gusta. Y lo mejor: los coladores de zinc, esmaltados o de acero inoxidable brillante ya traen consigo una estética propia que juega a tu favor.

Preparar y pintar el colador para conseguir una lámpara colgante de colores

El primer paso es desengrasarlo bien con vinagre blanco y secarlo con cuidado. Revisa también las asas: deben aguantar el peso de la suspensión sin problemas. Para el acabado, aplica dos capas de pintura en spray antioxidante y deja que el color haga todo el trabajo.

La elección del tono lo cambia todo. El blanco, el cobre o el negro mate aportan un estilo elegante y sofisticado. El amarillo limón, el rosa fucsia o el azul pato dan un resultado más desenfadado y pop. Pinta también el interior si quieres que proyecte un halo de color cálido alrededor.

¿Te apetece una lámpara colgante luminosa? Si te animas a cablearlo, perfora el centro, pasa un cable, instala un portalámparas y añade una bombilla decorativa. Hazlo siempre con precaución y respetando las normas de seguridad eléctrica. Si prefieres algo más sencillo, introduce una guirnalda LED flexible en el interior y cuélgala bajo una estantería, en una viga o sobre la encimera. Las perforaciones del colador crearán un precioso juego de luces con un efecto muy gráfico.

Versión vegetal: cómo transformar un colador en una jardinera colgante

Para una jardinera colgante, fija una cadena fina o una cuerda de macramé en las asas del colador. Forra el interior con fibra de coco o musgo esfagno para retener la tierra sin impedir que el agua se drene con facilidad. Antes de rellenarlo, coloca un puñado de carbón vegetal sin tratar en el fondo: filtra el agua y reduce los malos olores.

Añade sustrato ligero y planta variedades colgantes como la lobelia, la hiedra o las petunias. Todo el proceso se completa en menos de una hora. El drenaje natural que ofrecen los múltiples agujeros del colador es una ventaja enorme: evita el encharcamiento, la asfixia de las raíces y la aparición de podredumbre gris causada por el agua estancada.

En un balcón urbano estrecho, colgar tres coladores a distintas alturas libera espacio en el suelo y crea un volumen vegetal espectacular. Combina los colores de los coladores con las flores elegidas para lograr un resultado digno de una sesión fotográfica profesional, sin gastar los 20 o 40 euros que costaría una alternativa comercial.

Dónde instalar tus coladores colgantes y qué precauciones tener

En la cocina, alinea dos lámparas de colador sobre una isla central y combínalas con una jardinera colgante en el centro para crear un contraste lleno de vida. En el balcón, alterna lámparas y jardineras jugando con las alturas para conseguir un conjunto dinámico y armonioso.

Los coladores antiguos de metal batido o esmaltado aportan una textura especialmente llamativa. Reunir varios tamaños distintos acentúa el efecto colección. Si eres inquilino y no puedes hacer agujeros en el techo, aprovecha vigas, estanterías y barras colgadoras como puntos de anclaje.

En cuanto a la seguridad, comprueba siempre la solidez de las asas, las cadenas y los puntos de anclaje antes de cargarlos con tierra y agua. Para uso en exteriores, usa siempre pintura antioxidante y vigila periódicamente el estado del metal. En el balcón, la guirnalda LED sigue siendo la opción de iluminación más cómoda y segura.

Por último, ten en cuenta que el riego deberá ser más frecuente que en una maceta cerrada, ya que el agua se escapa con rapidez. Sin embargo, a cambio obtendrás plantas más sanas, un crecimiento vigoroso y un resultado visualmente espectacular que no dejará indiferente a nadie.

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