Factura de la luz: Ikea promete hasta 830 € de ahorro al año, pero con una condición

¿Electricidad más barata? La nueva apuesta estratégica de Ikea

Con la subida de los precios de la energía en los últimos años, cada vez más hogares miran su factura de la luz con auténtica preocupación. Algunos ya han cambiado las bombillas, otros controlan la calefacción o ponen la lavadora de madrugada. En ese contexto, una nueva oferta energética impulsada por Ikea está generando mucha expectación: la firma asegura que podría permitir ahorrar hasta 830 € al año. Una promesa tentadora… aunque con ciertos matices que conviene entender bien.

Todo el mundo conoce a Ikea por sus muebles de montar, sus estanterías minimalistas y esos pasillos de los que siempre se sale con más cosas de las previstas. Sin embargo, desde hace unos años, el grupo sueco ha puesto también sus miras en el sector energético.

La empresa ya se había aventurado en la venta de paneles solares y dispositivos para el hogar conectado. Ahora da un paso más y ofrece directamente un contrato de electricidad. Para ello, Ikea se ha aliado con Svea Solar, empresa especializada en energía solar, para lanzar un producto llamado Svea Strom, que por el momento está disponible en Alemania.

Precios negativos y tarifas que cambian cada cuarto de hora: así funciona la electricidad de Ikea

La idea es sencilla sobre el papel: suministrar a los particulares electricidad procedente de fuentes renovables y, al mismo tiempo, darles la oportunidad de reducir lo que pagan. El modelo se basa en un sistema de tarificación dinámica, todavía poco extendido en algunos países europeos, pero ya consolidado en los mercados energéticos más avanzados.

Según la Agencia Internacional de la Energía, este tipo de tarificación podría ser clave en la transición energética, ya que incentiva a los consumidores a usar la electricidad justo cuando la producción renovable es más abundante.

A diferencia de los contratos convencionales, donde el precio del kilovatio hora se mantiene estable durante meses o incluso años, la oferta de Ikea funciona con una tarifa que varía cada quince minutos en función del mercado europeo de la energía. Este mecanismo refleja directamente el equilibrio entre oferta y demanda en tiempo casi real.

Cuando la producción de electricidad renovable es muy elevada —por ejemplo, en un día especialmente soleado o con mucho viento— los precios pueden desplomarse. En algunos casos, pueden llegar incluso a ser negativos en el mercado mayorista. Es decir, hay tanta electricidad disponible que su precio cae por debajo de cero.

Lo contrario ocurre en los momentos de mayor consumo: típicamente las noches de invierno, cuando la calefacción, la iluminación y los electrodomésticos funcionan todos a la vez, los precios pueden dispararse considerablemente.

Para ayudar a los usuarios a orientarse, Ikea pone a su disposición una aplicación móvil que muestra las tarifas del día siguiente desde el inicio de la tarde. El objetivo es claro: que cada consumidor pueda organizar su consumo de forma estratégica. Un ejemplo muy concreto sería programar la lavadora o el lavavajillas en las horas en que la electricidad es más barata. Algo así como aprovechar las ofertas del supermercado, pero aplicado a la energía.

Hasta 830 € de ahorro al año: la condición imprescindible para beneficiarse de esta oferta

Aquí es donde entra en juego la promesa de ahorro. Según las estimaciones de la propia firma, los beneficios económicos varían bastante dependiendo del perfil del hogar y de su consumo anual.

Una persona que vive sola y consume alrededor de 600 kWh al año podría ahorrarse aproximadamente 167 €. En cambio, una familia de cuatro miembros que tenga bomba de calor y coche eléctrico, con un consumo anual de unos 7.000 kWh, podría llegar a ahorrar hasta 830 € al año.

La cuota mensual del contrato es relativamente asequible: en torno a los 6,99 €, con una pequeña rebaja para los socios del programa de fidelidad Ikea Family. A eso habría que añadir los impuestos y los costes de transporte de la red eléctrica.

Pero existe una condición fundamental para aprovechar realmente esas cifras de ahorro: adaptar los hábitos de consumo. En otras palabras, hay que estar dispuesto a modificar ciertas rutinas del día a día.

Cargar el vehículo eléctrico cuando la electricidad esté más barata, programar el calentador de agua en las horas valle o poner la lavadora cuando las tarifas sean bajas son algunos ejemplos prácticos. Sin esa flexibilidad, el sistema puede funcionar al revés. Usar los electrodomésticos en los momentos de mayor demanda podría terminar encareciendo la factura en lugar de reducirla.

Según el gestor de la red eléctrica francesa RTE, trasladar parte del consumo hacia los períodos de mayor producción renovable es precisamente uno de los grandes retos del futuro sistema energético europeo. En definitiva, esta oferta refleja un cambio de mentalidad mucho más amplio: la energía ya no solo se consume, también hay que gestionarla con inteligencia. Y en esa ecuación, los hábitos cotidianos podrían acabar siendo tan decisivos como las propias tecnologías.

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