Víboras en el jardín: el gesto habitual que todos hacéis al desherbar es el más peligroso

Víboras en el jardín: por qué la temporada de desherbado preocupa cada vez más

El jardín parece un lugar seguro, hasta que un día todo cambia en el momento de arrancar una mala hierba. Un estudio del INSERM y la Universidad de Burdeos señala que el 33 % de los accidentes cotidianos ocurren en el jardín. Con la llegada del buen tiempo, la actividad en el exterior se dispara y las serpientes salen de sus refugios.

Las víboras se esconden discretamente bajo arbustos y acolchados, aprovechando el calor. Todo parece una rutina inofensiva, pero el contexto juega claramente en vuestra contra.

En Francia metropolitana se registraron 369 mordeduras de serpientes terrestres en los centros antiveneno durante 2016, de las cuales el 61 % fueron causadas por víboras, y aproximadamente el 90 % ocurrieron entre abril y septiembre. Según las recomendaciones del Centro Antiveneno y la Federación Nacional de Bomberos, más del 70 % de las mordeduras afectan a manos o pies. Un único reflejo rutinario en el jardín puede marcarlo todo.

El gesto que hay que eliminar cuando desherbáis

Aquí está, sin rodeos: meter la mano a ciegas para desherbar al pie de una planta, entre hierbas altas, bajo un arbusto, un montón de hojas, un acolchado o alrededor del compost. Es ese movimiento brusco, sin visibilidad, el que desencadena la mordedura defensiva de una víbora acorralada.

Como recuerdan las autoridades sanitarias, «las serpientes, sean venenosas o no, tienden a huir del ser humano y solo muerden para defenderse, cuando alguien las pisa o se acerca demasiado». La norma de oro es tan sencilla como categórica: nunca introduzcáis la mano donde el ojo no puede ver.

Equipaos con guantes gruesos de cuero y calzado cerrado, moved la vegetación antes de intervenir y utilizad herramientas de mango largo como el azadón o el escardillo. Un rastrillo que «peine» suavemente la base de un arriate suele ahuyentar a cualquier intruso antes de que lleguéis con los dedos.

Dónde este gesto resulta más arriesgado en el jardín

Los lugares donde suelen producirse los sustos son siempre similares: arriates densos de lavanda o rosales bajos, bordes sombreados, muretes de piedra seca, pilas de leña, acolchados espesos, montones de hojas y zonas próximas al compost. Las serpientes buscan calor y refugio. Se cree que se está haciendo una limpieza rápida, se avanza sin mirar y la mano entra en la «burbuja de defensa» del animal.

La escena más habitual es la siguiente: una jardinera cuida sus lavandas, arranca a mano las malas hierbas escondidas en el interior del arbusto… y recibe una mordedura. Para evitar esta trampa, despejad siempre la visibilidad antes de actuar, trabajad de las zonas más claras a las más oscuras, tirad de un manojo hacia vosotros antes de meter los dedos, apoyad la herramienta en el suelo para generar vibraciones y no levantéis nunca cubos, tablas o lonas con las manos desnudas.

Mordedura de víbora: qué hacer de inmediato en el jardín

Alejaos de la serpiente sin intentar atraparla, mantened la calma y sentaos o tumbaos. Llamad al 112 de inmediato. Retirad anillos, reloj y calzado alrededor de la zona mordida, limpiad con agua y jabón, desinfectad y cubrid con un paño limpio. Inmovilizad el miembro afectado y elevadlo por encima del nivel del corazón. Para el dolor, utilizad únicamente paracetamol mientras esperáis la asistencia.

Ciertos gestos agravan las lesiones y deben evitarse sin excepción: nada de torniquetes, vendajes compresivos, hielo, incisiones ni succión, tampoco inyecciones, alcohol, café, té, aspirina ni antiinflamatorios. Permaneced junto a la víctima hasta que lleguen los servicios de emergencia. En el hospital, la vigilancia es sistemática; el suero antiveneno se reserva únicamente para los casos graves de envenenamiento.

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