Qué requesón es más saludable – entero o desnatado: una experta explica cómo elegir el bueno

Requesón entero o desnatado: ¿cuál conviene más a tu salud?

El requesón es uno de los productos lácteos fermentados más consumidos y nutritivos que existen. Pero ¿con qué porcentaje de grasa es mejor tomarlo? ¿Qué diferencia hay entre el casero y el de supermercado? ¿Y cómo distinguir uno de calidad de uno que no lo es? Lo analizamos junto a la dietista-nutricionista Liudmila Matishinets.

Cómo entender el contenido graso del requesón

Según la nutricionista Liudmila Matishinets, la cantidad de grasa presente en el requesón determina directamente su aporte calórico, su textura y su sabor. «Cuanto mayor es el porcentaje de grasa, más cremosa y suave resulta la textura», señala la experta.

Un aspecto fundamental que conviene tener claro: el requesón sigue siendo un producto proteico independientemente de su contenido graso, ya que su base es la proteína láctea, concretamente la caseína. De media, aporta entre 14 y 18 gramos de proteína por cada 100 gramos de producto.

A veces se escucha que un requesón con menos del 5% de grasa es casi puramente proteico, mientras que uno con el 9% ya se considera graso. En realidad, esto no es del todo exacto. Ambas variedades son productos proteicos; simplemente, el de 9% tiene más calorías debido a su mayor contenido lipídico.

¿Y el requesón casero?

En el requesón elaborado en casa, el porcentaje de grasa puede variar enormemente según el tipo de leche utilizada. Si se prepara con leche entera, el contenido graso puede situarse entre el 8% y el 18%, o incluso superarlo. Sin un análisis de laboratorio, es imposible conocer con exactitud ese dato.

Un indicador orientativo es el color: cuanto más amarillento sea el requesón, más grasa suele contener. Si el producto presenta un tono muy intenso, su contenido graso podría superar el 20%.

¿Cuál es más saludable: el requesón graso o el desnatado?

La nutricionista es clara al respecto: no existe una respuesta única a esta pregunta. Todas las variedades, independientemente de su contenido en grasa, pueden integrarse perfectamente en una alimentación equilibrada. La clave está en los objetivos personales de cada individuo.

  • El requesón con un 0% a 5% de grasa suele ser la opción preferida de quienes controlan su ingesta calórica o buscan perder peso.
  • El de 5% de grasa se considera habitualmente el punto de equilibrio ideal entre valor nutricional, sabor y calorías.
  • El de 9% de grasa ofrece una textura más rica y un sabor más pronunciado.

Hay un matiz importante que conviene conocer: a los productos desnatados se les puede añadir mayor cantidad de almidón, azúcar o emulsionantes para lograr una consistencia más espesa. Además, al no contener grasa, no favorece la absorción de las vitaminas liposolubles A, D, E y K, ya que el organismo necesita lípidos para asimilarlas correctamente.

No hay que olvidar que los beneficios del requesón van más allá de ser una fuente de proteínas. También aporta calcio, fósforo, vitaminas del grupo B y aminoácidos esenciales para la recuperación muscular.

Cómo distinguir un requesón de buena calidad

El requesón tiene una ventaja indudable: su composición es sencilla, básicamente leche y fermentos lácticos. Sin embargo, cuando se trata de producto casero, no es posible garantizar que la leche haya sido pasteurizada, ni conocer las condiciones higiénicas de elaboración, el tiempo que estuvo sin refrigeración o dónde se almacenó.

Esto implica que ese tipo de requesón podría contener bacterias patógenas como Salmonella o Listeria, capaces de causar daños serios al organismo. La nutricionista recomienda ser muy selectivo a la hora de comprar requesón casero, que frecuentemente se vende sin ningún tipo de análisis ni control sanitario. Solo es seguro adquirirlo en lugares donde se garantice la calidad del producto.

El requesón de supermercado

El requesón comercial debe cumplir estándares de calidad obligatorios y está sometido a controles sanitarios, por lo que se considera seguro. Su composición puede incluir:

  • Leche
  • Fermentos de bacterias lácticas
  • Cloruro de calcio, un aditivo tecnológico que mejora la coagulación de la proteína láctea, favorece la formación de un coágulo más firme y proporciona una textura más homogénea

El cloruro de calcio se añade porque la pasteurización puede alterar el equilibrio natural del calcio en la leche. Se utiliza en cantidades muy pequeñas y su presencia en el etiquetado no indica ningún problema de calidad. Ver en la lista de ingredientes «leche, fermentos y cloruro de calcio» es completamente normal.

Ingredientes que deben hacerte desconfiar

Presta atención a la etiqueta y desconfía si encuentras:

  • Sustitutos de la grasa láctea, es decir, grasas vegetales
  • Almidón
  • Grandes cantidades de estabilizantes o espesantes

Si el producto contiene estos ingredientes, ya no es requesón propiamente dicho, sino un derivado lácteo como un postre de requesón, no el producto tradicional fermentado.

Señales de que el requesón está en mal estado

Un requesón de mala calidad puede presentar manchas sospechosas de distintos colores o moho visible. Si está envasado y dentro del envase hay exceso de líquido o bolsas de aire, también puede ser señal de deterioro. Un producto en buen estado debe tener un suave aroma a leche fermentada, sin ningún rastro de amargor.

Truco casero para detectar almidón en el requesón

Existe una forma sencilla de comprobar en casa si tu requesón contiene almidón: coloca una gota de yodo sobre una pequeña porción del producto. Si el requesón vira hacia el azul o el morado, contiene almidón u otras impurezas. Si simplemente adquiere un tono marrón, el producto está libre de ese aditivo.

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